DIA 28: LUCAS 2

AGUARDAR LA LUZ

2.22 Y cuando llegó el día de su purificación,
2.23 de acuerdo con la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentárselo al Señor, como manda la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor;
2.24 y para hacer la ofrenda que manda la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.
2.25 Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que esperaba el consuelo de Israel y se guiaba por el Espíritu Santo.
2.26 Le había comunicado el Espíritu Santo que no moriría sin antes haber visto al Mesías del Señor.
2.27 Movido, pues, por el Espíritu, se dirigió al templo. Cuando los padres introducían al niño Jesús para cumplir con él lo mandado en la ley,
2.28 Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
2.29 - Ahora, dueño mío, según tu palabra, dejas libre y en paz a tu siervo;
2.30 porque han visto mis ojos a tu salvador,
2.31 que has dispuesto ante todos los pueblos
2.32 como luz revelada a los paganos y como gloria de tu pueblo Israel.
2.33 El padre y la madre estaban admirados de lo que decía acerca del niño.
2.34 Simeón los bendijo y dijo a María, la madre: - Mira, éste está colocado de modo que todos en Israel o caigan o se levanten; será una bandera discutida y así quedarán patentes los pensamientos de todos.
2.35 En cuanto a ti, una espada te atravesará..
2.36 Estaba allí la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era de edad avanzada, había vivido con el marido siete años desde la boda
2.37 y siguió viuda hasta los ochenta y cuatro. No se apartaban del templo, sirviendo noche y día con oraciones y ayunos.
2.38 Se presentó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a cuantos aguardaban el rescate de Jerusalén.
2.39 Cumplidos todos los preceptos de la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.
2.40 El niño crecía y se fortalecía, llenándose de saber; y el favor de Dios lo acompañaba.


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