DIA 26: LUCAS 1

ALABANZA DE UN CORAZÓN LIBRADO DEL MIEDO

1.67 Su padre Zacarías, lleno del Espíritu Santo, profetizó:
1.68 Bendito el Señor, Dios de Israel, porque se ha ocupado de rescatar a su pueblo
1.69 Nos ha suscitado una eminencia salvadora en la casa de David, su siervo,
1.70 como había prometido desde antiguo por boca de sus santos profetas:
1.71 salvación de nuestros enemigos, del poder de cuantos nos odian,
1.72 tratando con lealtad a nuestros padres y recordando su alianza sagrada,
1.73 lo que juró a nuestro padre Abrahán, que nos concedería,
1.74 ya liberados del poder enemigo, servirle sin temor en su presencia,
1.75 con santidad y justicia toda la vida.
1.76 Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque caminarás delante del Señor, preparándole su camino;
1.77 Anunciando a su pueblo la salvación por el perdón de los
1.78 Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará desde lo alto un amanecer
1.79 que ilumina a los que habitan en tinieblas y en sombras de muerte, que endereza nuestros pasos por un camino de paz.


COMENTARIO

Zacarías no creía que en el transcurso de su vida, Dios llevase a cabo un milagro (Lc 1.15-21). Pero cuando da el paso y cree en la promesa de Dios, la dureza de su corazón se ablanda, su lengua se desata, una alabanza resplandece.

Él canta este momento, esperado desde hacía siglos, en el que "sobre las tinieblas y la sombra de la muerte" el sol se levanta. Juan, su hijo, será Juan Bautista que preparará al pueblo para recibir al mismo Dios.

Sí, el Gran Día ha comenzado, nada podrá detenerlo. Cantar el cántico de Zacarías, nos coloca en el corazón de este momento crucial de la historia humana que es la visita de Dios. Desde entonces todo canta. El centro de nuestra vida se desplaza.

Este canto nos vuelve hacia Dios para que Cristo pueda inundarnos con su luz. Es la realidad más grande que cautiva nuestra vida de hoy.

Pero se trata de no quedarse fijos en las tinieblas, ensimismados en nosotros mismos, sino de mirar la realidad a la luz de la Nueva Alianza:

Cristo viene a librarme de mis opresores y del miedo; por el perdón él me sitúa para siempre en la "misericordiosa ternura de nuestro Dios"; y más aún, Dios me concede "servirle sin miedo".

Cuando vivimos con todo nuestro ser esta conversión radical que nos hace ver la realidad a la luz de la Nueva Alianza, nos convertiremos en reflejos de la luz de Dios.

Y encontramos el valor de acompañar a Cristo hasta "en las tinieblas y sombras de la muerte", porque es él quien nos abre "el camino de la paz".