DIA 15: OSEAS 14

VOLVER A DIOS CON SENCILLEZ

14.2 Conviértete, Israel, al Señor, tu Dios, que tropezaste en tu culpa.
14.3 Preparad vuestro discurso y convertíos al Señor; decidle: "Perdona del todo mi culpa; acepta el don que te ofrecemos, el fruto de nuestros labios.
14.4 Asiria no nos salvará, no montaremos a caballo; no volveremos a llamar dios nuestro a las obras de nuestras manos; en ti encuentra compasión el huérfano".
14.5 Curaré su apostasía los que querré sin que lo merezcan, mi cólera ya se ha apartado de ellos.
14.6 Seré rocío para Israel: florecerá como azucena y arraigará como álamo;
14.7 echará vástagos, tendrá la lozanía del olivo y el aroma del Líbano;
14.8 volverán a morar a su sombra, revivirán como el trigo, florecerán como la vid, serán famosos como el vino del Líbano
14.9 Efraín, ¿qué tengo yo que ver con las imágenes? Yo contesto y miro. Yo soy abeto frondoso: de mí proceden tus frutos.


COMENTARIO

Los amaré sin que lo merezcan" (v.5). Dios ama a su pueblo con un amor noble, sin condiciones, sin cálculos. Y también con un amor posible. El había buscado atraerse a los suyos con lazos de amor. Y apenado por la indiferencia o el rechazo, los llama apasionadamente para que vuelvan a él.

Ahora es como si hablase sólo consigo mismo. Nada de llamadas vibrantes a la conversión, ni siquiera dice: "Así habla el Señor". Únicamente el profeta ha escuchado en este silencio de Dios la decisión irrevocable: "Yo los amo, seré rocío para Israel, florecerá como azucena y arraigará como álamo".

El profeta también invita de forma sencilla a que vuelvan a Dios. No les pide nada difícil, nada de sacrificios, ni que tengan la conciencia atormentada.

El amor de Dios lo han visto como digno de toda confianza, y por eso no necesita insistir mucho. Que cada uno venga a Dios tal como él dice: "Preparad vuestro discurso y convertíos al Señor. Perdona del todo nuestra culpa; acepta el don que te ofrecemos, el fruto de nuestros labios".

Dios tiene compasión de todos aquellos que, enfermos por decepciones y por abandonos, no tienen ya fuerza para levantarse.

Quien sabe que es amado por Dios plenamente, es como la belleza del lirio, el esplendor del olivo. Bajo la mirada de Dios (v. 9) todo se desvanece.