DIA 14: OSEAS 11

EL AMOR LOCO DE DIOS

11.1 Cuando Israel era niño, lo amé, y desde Egipto llamé a mi hijo.
11.2 Cuanto más los amaba, más se alejaban de mí:
ofrecían sacrificios a los Baales y quemaban ofrendas a los ídolos.
11.3 Yo enseñé a andar a Efraín y lo llevé en mis brazos, y ellos sin darse cuenta de nuevo yo los cuidaba.
11.4 Con correas de amor los atraía, con cuerdas de cariño. Fui para ellos como quien alza una criatura a las mejillas; e inclinaba y les daba de comer.
11.7 Aunque invoquen a su Dios, tampoco os levantará.
11.8 ¿Cómo podré dejarte, Efraín; entregarte a ti, Israel? ¿Cómo dejarte como a Admá; tratarte como a Seboín? Me da un vuelco el corazón, se me conmueven las entrañas.
11.9 No ejecutaré mi condena, no volveré a destruir a Efraín; que soy Dios y no hombre, el Santo en medio de ti y no enemigo devastador.


COMENTARIO

Ocho siglos antes de Cristo, el profeta Oseas ha captado lo absoluto del amor de Dios. Ha reconocido que Dios ama con una pasión que no se detiene nunca a pesar del rechazo.

Al liberarlo de la esclavitud en Egipto, Dios ha declarado su amor. Después se ha hecho cercano como un padre o una madre "que alzan una criatura a las mejillas" (v.4).

Al ver la desesperación de su pueblo sumido en la violencia, Dios siente dolor: en lugar de volverse hacia él, los suyos se aferran a su rechazo y a su pérdida como un electrocutado incapaz de soltar el hilo eléctrico que amenaza su vida.

Nada hiere tanto como ser olvidado por quienes nos aman. Y entre los hombres, este dolor se convierte en seguida en cólera y en deseos de venganza. Pero Dios, a pesar de ser rechazado y olvidado, el dolor ardiente se inflama, no de aversión, sino de compasión.

Pues, dice Dios, "yo soy Dios y no hombre, en medio de ti yo soy el Santo" (v.9). La santidad de Dios es el amor loco que nunca llega a decir: "Ya está bien".

Desde el momento en que Dios se compromete con su pueblo, su amor es tan fuerte que no tiene otra elección que la de continuar amándolo siempre.