DIA 13: EZEQUIEL 37

UN SOPLO DE VIDA

37.1 La mano del Señor se posó sobre mí y el Señor me llevó en espíritu, dejándome en un valle todo lleno de huesos.
37.2 Me los hizo pasar revista: eran muchísimos los que había en la cuenca del valle; estaban calcinados.
37.3 Entonces me dijo: - Hijo de Adán, ¿ podrán revivir esos huesos? Contesté: - Tú lo sabes, Señor.
37.4 Me ordenó: -Conjura a esos huesos: Huesos calcinados, escuchad la palabra del Señor.
37.5 Esto dice el Señor a esos huesos: Yo os voy a infundir espíritu para que reviváis.
37.6 Os injertaré tendones, os haré criar carne; tensaré sobre vosotros la piel y os infundiré espíritu para que reviváis. Así sabréis que yo soy el Señor.
37.7 Pronuncié el conjuro que se me había mandado, y mientras lo pronunciaba, resonó un trueno, luego hubo un terremoto y los huesos se ensamblaron, hueso con hueso.
37.8 Vi que habían prendido en ellos los tendones, que habían criado carne y tenían la piel tensa; pero no tenían aliento.
37.9 Entonces me dijo: - Conjura al aliento, conjura, hijo de Adán, diciéndole al aliento: Esto dice el Señor: Ven, aliento, desde los cuatro vientos y sopla en estos cadáveres para que revivan.
37.10 Pronuncié el conjuro que se me había mandado. Penetró en ellos el aliento, revivieron y se pusieron en pie: era una muchedumbre inmensa.
37.11 Entonces me dijo: - Hijo de Adán, esos huesos son toda la casa de Israel. Ahí los tienes diciendo: Nuestros huesos están calcinados, nuestra esperanza se ha desvanecido; estamos perdidos.
37.12 Por eso profetiza diciéndoles: esto dice el Señor: Yo voy a abrir vuestros sepulcros, pueblo mío, y os voy a llevar a la tierra de Israel.
37.13 Sabréis que yo soy el Señor cuando abra vuestros sepulcros, cuando os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío.
37.14 Infundiré mi espíritu en vosotros para que reviváis, os estableceré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago - oráculo del Señor -.


COMENTARIO

En un momento muy difícil para el pueblo de Dios, ya que la nación está destruida y sus elites deportadas muy lejos, un profeta tiene una visión simbólica que revela la identidad de Dios y sus deseos para con los suyos.

El ve un valle lleno de huesos humanos que yacen en el suelo. Y he aquí que, cuando el profeta se pone a proclamar la palabra de Dios a esos huesos secos, de pronto comienzan a unirse, el soplo de vida vuelve a ellos y se convierten en una gran multitud de seres vivos.

Mediante esta visión, Dios se revela a su pueblo como la fuente de su vida y el motor de su historia.

Desalentados, los fieles se imaginan que están privados de todo futuro y de toda esperanza. Se consideran como muertos vivientes. Pero no, dice el profeta: Dios, el Creador del mundo y el Dueño de la historia, es capaz de hacer brotar la vida, incluso en donde no hay nada más que muerte y desesperanza.

Por su Espíritu, su soplo vital, nos hará, una vez más, volver a salir con un aliento nuevo. De esta forma Dios revela su identidad: él es el Dios que da vida para hacer concreta su gran misericordia.


Modificado el ( Tuesday, 04 de September de 2007 )