DIA 12: JEREMÍAS 9

SABIDURÍA DE LOS POBRES

9.22 Así dice el Señor: No se gloríe el sabio de su saber, no se gloríe el soldado de su valor, no se gloríe el rico de su riqueza;
9.23 quien quiera gloriarse, que se gloríe de esto: de conocer y comprender que soy el Señor, que en la tierra establece la lealtad, el derecho y la justicia y se complace en ellos - oráculo del Señor -.


COMENTARIO

En un último análisis, ¿dónde encontramos nuestra seguridad? ¿En quién ponemos nuestra esperanza? Es el problema que ha debido afrontar el profeta Jeremías en un momento crítico de la vida de su pueblo. A su alrededor, él ve que sus compatriotas se apoyan en sus dones de inteligencia, o en su fuerza o en sus bienes.

Por su parte, el profeta no tiene nada contra estas realidades humanas, pero se da cuenta de que llegará el momento en el que no se permitirá al pueblo hacer frente a su situación, ni siquiera captar el sentido de su existencia.



Vendrá la noche en la que las manos y los ojos humanos ya no servirán, en el que las certezas se derrumbarán. Quedará solamente la roca del conocimiento de Dios.

¿Cuál es este conocimiento esencial? Para Jeremías, es una actitud del corazón. Lejos de ser cerebral, se basa en las profundidades del ser humano, comporta una elección fundamental y una adhesión vital.

También se exterioriza en una forma de vivir, de hacer el bien (cf. Jr 4.22), de inquietarse por aquellos que padecen necesidad ( Jr 22.15s).

¿Cómo adquirir este conocimiento de Dios? Jeremías sabe que, en definitiva, es un don del mismo Dios (Jr 24.7), el único que puede transformar los corazones. Nos toca a nosotros acoger este don mediante una actitud de confianza. Solamente esta confianza permite avanzar por el corazón de la noche, discernir el rostro de un Dios que "es compasivo y ama la justicia" en la tierra tanto ante los acontecimientos del mundo y como en los de nuestra vida.