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DIA 6: Iº REYES 19 PDF Imprimir E-Mail

ABANDONA EL DESALIENTO!

19.3Elías temió y emprendió la marcha para salvar la vida. Llegó a Berseba de Judá y dejó allí a su criado.
19.4El continuó por el desierto una jornada de camino y al final se sentó bajo una retama y se deseó la muerte:
- ¡Basta, Señor! ¡ Quítame la vida, que no valgo más que mis padres!
19.5Se echó bajo de la retama y se durmió. De pronto un ángel le tocó y le dijo:- ¡ Levántate, come!
19.6FMiró Elías y vio a su cabecera un pan cocido sobre piedras y un jarro de agua. Comió, bebió y se volvió a echar.
19.7Pero el ángel del Señor le volvió a tocar y le dijo:¡ Levántate, come! Que el camino es superior a tus fuerzas.
19.8Elías se levantó, comió y bebió, y con la fuerza de aquel alimento caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el Horeb, el monte de Dios.
19.9Allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y el Señor le dirigió la palabra: -¿Qué haces aquí, Elías?
19.10Respondió: - Me consume el celo por el Señor, Dios de los ejércitos, porque los israelitas han abandonado tu alianza, han derruido tus altares y asesinado a tus profetas; sólo quedo yo, y me buscan para matarme.
19.11El Señor le dijo: - Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasaR! Vino un viento tan violento, que descuajaba los montes y hacía trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto.
19.12Después del terremoto vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego se oyó una brisa tenue;
19.13al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva. Entonces oyó una voz que le decía: -¿Qué haces aquí, Elías?


COMENTARIO

Estas líneas nos permiten asistir a un cambio en la vida del profeta Elías. El hombre de Dios acaba de salir vencedor de un combate encarnizado con sus adversarios.

Para lograrlo, debió entregarse hasta la extenuación y poner toda su confianza en Dios. Pero amenazado de muerte, Elías se vino abajo. Se deprimió y huyó al desierto. Convencido de la inutilidad de su vida, se deseó la muerte.

Y justamente en este momento, se manifiesta el milagro de Dios. Por dos veces, un mensajero divino lo despierta, lo levanta y le da de comer y de beber. Como para los Israelitas, camino de la tierra prometida, Dios cuida él mismo del creyente cuando, hablando humanamente, está extenuado de fuerzas.

Esto permite a Elías retomar el camino y, "sostenido por este alimento, anduvo cuarenta días y cuarenta noches hasta la montaña de Dios".

Gracias al descubrimiento de sus propios límites y del amor inesperado de Dios para con él, la existencia de Elías se vio profundamente transformada y fue capaz de discernir la voz de su Señor en " un soplo de silencio"

Entonces comprendió: las victorias de Dios no son del mismo orden que las de las potencias de este mundo. Su designio se cumple o tiene lugar en la discreción, incluso hasta en la misma debilidad humana; la fidelidad a toda prueba cuenta mucho más que las hazañas relumbrantes, normalmente efímeras.


 
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